Balnearios: todo un mundo al que volvemos
La Cátedra Martí Casals de Medicina y Salud en el Ámbito Rural ha organizado el curso de verano “Salud y agua. Balnearios y baños de mar”, que tuvo lugar durante tres días, de forma itinerante, entre Sant Feliu de Guíxols, Santa Coloma de Farners y Sant Hilari Sacalm.
“En un futuro, cuando les contemos que para curar una enfermedad para la que no era buena la humedad los mandaban a remojarse; que pudiendo tomar un baño en casa, donde podían echar el azufre que quisieran, iban a unos lugares como hospicios con bañeras para hacer el bobo en comunidad, dirán lo que ahora decimos de aquellos que creían en las sangrías o en la homeopatía: que la tontería humana no tiene límites ni fronteras, y que de enfermo a bobo solo hay un paso: el paso de caer en aguas sulfurosas”.
SANTIAGO RUSIÑOL, “Els balnearis”, L’Esquella de la Torratxa, 1909, 30-VII-1915, p.490-491 (extracto).
No se le escapa a nadie la importancia de la relación que el hombre ha mantenido con el agua a lo largo de la historia. La ha convertido en algo sagrado, medicinal o lúdico, según le ha convenido y, a su alrededor, ha construido todo un edificio cultural que ha evolucionado y se ha formado a lo largo del tiempo. El agua y su uso ha condicionado maneras de pensar, pero también formas de construir edificios, los oficios relacionados con ella, los territorios por los que discurren e, incluso, la forma de los ríos de tinta que ha hecho correr.
La concesión, el curso pasado, del Campus de Excelencia Internacional en Turismo y Agua a la Universitat de Girona (junto con la UIB) hace que los estudios relacionados con el agua y el turismo adquieran una relevancia especial. Destacar la importancia cultural es un objetivo para las Humanidades y las Ciencias Sociales de la UdG y, sobre todo, lo ha sido para este curso de verano que ha centrado su atención en una cuestión, la balnearia, que ha sido abordada a lo largo de tres días desde una perspectiva multidisciplinaria y comparada.
En “Salud y agua. Balnearios y baños de mar”, los investigadores que han participado –más de una veintena de diferentes universidades españolas, a las que se han sumado, como participantes, los representantes de la Red de Universidades Lectoras- han expuesto las principales conclusiones a las que han llegado sobre diversos aspectos relacionados con el uso terapéutico del agua que, hasta ahora, eran poco conocidos. Todos ellos han denunciado, precisamente, la falta de atención que hasta ahora se ha prestado a la cuestión que se trataba. Uno de los aspectos que ha llamado más la atención ha sido la investigación doctoral que hace Alexandre Nobajas sobre el agua mineral envasada en Cataluña (codirigida desde la UdG). Ha sorprendido tanto en alcance de la industria vinculada (Girona, primera productora peninsular) como la transformación en la manera como el consumidor se ha relacionado a lo largo de los años (de las aguas minero-medicinales, curativas, a las de mesa, preventivas).
El baño: una costumbre de tiempos inmemoriales
Los médicos, los bañistas o los “bañeros” fueron los protagonistas, junto con los enfermos y sus familias, de un mundo en buena parte perdido que se está recuperando con la luz de la investigación. El redescubrimiento de las termas romanas, la difusión de nuevas ideas sobre la salud corporal en el s.XVIII, la tradición popular de los baños que hizo que, en un momento concreto, a principio del s.XIX, se procediera a la reapertura de los antiguos baños y a la construcción de nuevos, todo ello impulsado por una demanda que, liderada por la aristocracia descendía la pirámide social hasta las clases populares, pasando, o quizá mejor, a caballo de la burguesía. Un proceso que ha descrito con precisión el historiador de la ciencia de la Universidad de Salamanca J.A. Rodríguez Sánchez.
El antropólogo Jerónimo Bouza ha expuesto el papel de los médicos del Cuerpo de Médicos de Baños (creado en 1816) y su tempestuosa relación con los ingenieros de minas, con los alcaldes de las poblaciones termales que los mantienen e, incluso, con los propietarios de los establecimientos que exigen aumentar el número de baños recetados. Un universo que desfilaba por unos edificios “sin apenas precedentes tipológicos”, como los ha definido la historiadora del arte y técnica de la Diputación de Barcelona, Raquel Lacuesta, cosa que no les privaba, sino todo lo contrario, de buscar en el historicismo una conexión con la tradición que se quería atribuir a los tratamientos que se prescriben. Edificios que a la vez se complementaban con chalés, comercios y demás equipamientos –el paseo, las fuentes monumentales- que acababan por dar forma a la colonia de veraneo que, como ha explicado el profesor de la UdG, Joaquim M. Puigvert, no dejaron indiferentes a los estudiosos de su tiempo. Así, Pau Vila consideraba las colonias como muestras de arquitectura que dialogaba poco con el paisaje. Contrariamente, Cèsar Martinell veía los efectos benéficos que suponía la introducción de nuevas corrientes arquitectónicas.
Una tradición, la del baño, que nunca se ha perdido, como puso de manifiesto la catedrática de la UB, Mercè Tatjer, cuando describió la evolución en la costumbre del baño en la ciudad de Barcelona, “todo un mundo al que volvemos”, dijo. En un registro similar se expresaron Silvia Alemany y Laura Francès, directora y técnica, respectivamente, del Museo de Historia de Sant Feliu de Guíxols, que hablaron sobre los baños de mar en Sant Feliu y S’Agaró. De forma más práctica, Josep Maria Nolla, catedrático de arqueología de la UdG describió, sobre el terreno, las particularidades de las termas romanas de Caldes de Malavella.
Y, como no, los usos y costumbres entorno al agua también los hemos conocido a través de la literatura, del río de tinta, un río teñido del color de la tristeza y el decaimiento, como se encargaron de explicar Margarida Casacuberta, a través de los textos de Joan Maragall, Santiago Rusiñol y Eugeni d’Ors y de la Montaña Mágica, de Thomas Mann. Una literatura sobre los balnearios y el baño que tiene un reflejo en el paisaje, y viceversa, como demostraron, tanto la catedrática de la UdG, Mari Àngela Vilallonga, como Narcís Figueres, que comentó las huellas literarias en las fuentes de Sant Hilari Sacalm, y Joan Solà, que hizo la parte con Joan Vinyoli.
El curso concluyó con una mesa de debate en la que se resumieron diversos de los aspectos que se habían tratado y se propusieron aspectos nuevos, que quedaron abiertos para nuevos caminos de investigación. En el transcurso de las sesiones también participaron destacados investigadores, como Horacio Capel, Manuel Poch, Anna Ribas, Àngels Solà o Alfons Zarzoso, entre otros. Los organizadores, satisfechos por la elevada participación –sesenta inscritos, todas las plazas- anunciaron que las actas del curso se divulgarán a través de una publicación, que editará Marcial Pons.
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Proyecto financiado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en el marco del Programa Campus de Excelencia Internacional

